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La Odisea de Pedro Ávila Gendis

September 21, 2016

Pedro Ávila Gendis, series Espacio interior, 2016, acrylic on canvas, 60” x 80.” Rodríguez Collection

 

Siempre he considerado una actividad estéril el interpretar la pintura abstracta a través de herramientas figurativas. Resulta este un vano ejercicio en el cual el espectador tiende a equiparar lo que desconoce a lo conocido. La idea de hallar un algoritmo para descifrar las formas es tan errada como la intención de analizar al hombre que está tras el pincel, fuera de su horizonte de circunstancias. El artista es -me atrevería a categorizar- siempre una suma continua de pequeñísimas historias personales, de intertextos, de secretos, silenciados o compartidos.

 

Precisamente, bajo el título de Shared Secrets (Kendall Art Center, 23 de septiembre-21 de octubre, 2016) nos llega la más reciente exposición del artista plástico Pedro Ávila Gendis, quien naciera en Camagüey en 1959. El autor, cubano de aquellos que se llevan la Isla en la maleta, no puede menos que evocar asuntos fluviales en sus obras. La naturaleza, herida, curtida, viviente, se levanta sobre la superficie cuadrangular de sus abstracciones, con un ritmo homogéneo y vibrante de rojos, blancos, grises y amarillos. El mar, sin estar explicitado por la presencia de tonos acuosos, fluye por las paredes del Kendall Art Center, inundándolo todo... un mar corpóreo que se me antoja incuestionable, aun cuando hasta el momento era yo quien defendía la inocuidad del lenguaje no figurativo. Pedro Ávila Gendis no es, sin embargo, un artista que insinúe a través de sus formas: es un artista gestual, expresionista, abstracto como muy pocos. Lo que sucede, quizás, será cuestión de empatía, será la maldita circunstancia de que autor y espectadora comparten la misma isla en las entrañas. Y el mar -¡Oh, el mar!- resulta siempre para el cubano un motivo recurrente. Entonces, lo concibo impetuoso, desde mi lectura personal, bañando a cada una de las series que componen esta muestra (La voz de la tierra, Paisajes Sublimes y Espacio interior). 

 

A la postre, no dudo que esta extraña sensación de naturaleza en vilo, de profundidad marítima... sea tan solo una prestancia mía, una necesidad de -como planteara antes- retornar a los orígenes por el camino ya andado; pero de sobra sé que no soy la única persona carente de mar cubano en la Florida. Es por ello que recomiendo, a todas luces, vivenciar en carne propia la condición de humedad que nace de la obra del pintor, cuando se penetra la galería. Ese mar (o no mar) de Pedro Ávila Gendis insiste en recordarme aquel poema inmortal de Miguel Ángel Asturias: Íntimo amigo del ensueño, Ulises/ volvía a su destino de neblina,/ un como regresar de otros países /a su país. Por ser de sal marina. 

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